jueves, 20 de julio de 2017

MEJORANDO HÁBITOS


COMIENZA A USARSE EL AGUA DE COLONIA




Dentro de las numerosas reformas que Carlos III emprendió se encuentran los campos de la higiene y las costumbres. Cuando llegó a Madrid la suciedad y la falta de hábitos higiénicos era evidente entre sus súbditos. Los cambios que traía, supusieron más de una resistencia, aunque eso será materia en otras publicaciones, pero no a todos.

(agua de colonia de uso masculino en envase de "bota")

En aquellos años, se puso de moda entre las mujeres, especialmente de la aristocracia el uso del agua de colonia, “Eau de Cologne”, creada a principios del siglo XVIII por el italiano de origen español Giovanni María Farina (1685-1766). Esta fragancia al ser más suave que el perfume francés se hizo muy demandado por la élite femenina española. Su nombre proviene de la ciudad alemana de Colonia (Köln) donde fue creada en 1709.  

(Farina mostrando por primera vez su producto)

Aunque su uso pronto alcanzó éxito en los territorios germanos, fue Francia su principal consumidor. Primero se popularizó entre los oficiales de los ejércitos franceses acantonados durante la Guerra de los Siete Años. Luego, ellos mismos propagaron su distribución, pues les mandaban ejemplares a sus esposas, novias y amigos. 

Fue tan grande la demanda del agua de Colonia en ese país, que la década de los años 1750 a 1760, se consideró prácticamente un negocio francés.

La fama de este producto pronto llegó a España, lo que junto a la influencia francesa hizo que ponto fuese adoptada por las damas de la corte. Aunque inicialmente estaba pensada para ser usada por mujeres y hombres (especialmente asociado al afeitado ya que Farina era barbero) no tuvo tanta aceptación entre en género masculino peninsular, menos propenso a los cambios de hábito, aunque ese aspecto ya lo veremos cuando abordemos el motín de Esquilache. 

jueves, 6 de julio de 2017

CUANDO LAS PATATAS LLEGARON A NUESTRAS MESAS


LA PATATA: CARLOS III EL IMPULSOR DE SU CONSUMO
(El movimiento de la Ilustración, atento a todos los progresos agrícolas del momento, apostó por fomentar la siembra de nuevas especies para solucionar el problema del hambre y la carestía del trigo. Así, apadrinada por los ilustrados franceses, fue como la patata triunfó por fin en España.)


Al igual que en España, existe cierto embrollo a la hora de fechar la llegada de la patata al resto de Europa. Es posible que viajara a Nápoles y Flandes de la mano de los tercios españoles, que la consumían como alimento barato para soldados y animales de carga. A otros países llegó directamente de América o a través de botánicos y naturalistas o por relaciones diplomáticas debido a que se le atribuían propiedades medicinales.
(Esquema de la difusión del cultivo de la patata)

A mediados del siglo XVI la papa estaba ya presente en Inglaterra, Irlanda, Italia, los Países Bajos y Alemania. A pesar de la reticencia inicial de los labradores, demostró ser un cultivo ideal: crecía en tierras frías, daba grandes cosechas y podía sustituir los hidratos de carbono del trigo u otros cereales en la alimentación.
(Los comedores de patatas de Van Gogh)
Su popularidad se incrementó durante la Pequeña Edad de Hielo del siglo XVIII y en épocas de guerra, puesto que al estar oculta dentro de la tierra no era arrasada por los ejércitos enemigos.
El éxito de la patata se hizo esperar. Antoine Parmentier, agrónomo y farmacéutico mayor de la Casa Real de los Inválidos e introductor de la patata en Francia, conoció de primera mano los beneficios alimenticios del tubérculo en sus días como prisionero de Prusia durante la Guerra de los Siete Años.
(Antoine Parmentier)

Hasta el momento era un cultivo de jardín apreciado por la estética de sus flores o al que se le atribuían propiedades medicinales o afrodisíacas, destinado a la alimentación del ganado, principalmente para los cerdos o  para los indigentes de los hospitales o prisiones.
Ya de vuelta a Francia, se dedicó a los estudios de nutrición y centró su atención en esta planta, cuyo cultivo estaba prohibido en Francia por considerar que causaba la lepra.
Las frecuentes crisis alimentarias hacían urgente encontrar fuentes de alimentación alternativas ,y en este sentido,  la Academia de Besançon convocó un concurso en 1772 para encontrar “plantas capaces de sustituir las comidas habituales para alimentar al hombre en épocas de escasez” que fue ganado por Parmentier. Pero a pesar de su encendida defensa de este cultivo, no logró superar la reticencia general.
Viendo la cerrazón mental tan extendida, Parmentier recurrió a la astucia. En 1787: plantó patatas en cincuenta y cuatro fanegas de tierra que el rey Luis XVI le concedió en las afueras de París y puso guardias a vigilarlas de noche, dando a entender su gran valor y advirtiendo a los centinelas para que hicieran la vista gorda ante posibles robos. La gente dedujo que si los privilegiados apreciaban tanto la patata no debía ser tan mala.

Dicho y hecho, las parcelas eran saqueadas regularmente y la patata se libró así, poco a poco, de su estigma. Siendo sus resultados tan positivos, que a partir de este instante, el cultivo de este tubérculo, se extendió y adquirió gran importancia en la economía agraria, hasta el punto de que a finales del siglo XVIII, era considerado articulo de primera necesidad y uno de los principales cultivos.

(Federico II observando el cultivo de patatas)


La patata venia cultivándose en España en zonas de Galicia y Andalucía, pero como en el resto de Europa fue una crisis alimentaria la que abrió una oportunidad a este tubérculo. Para superar la hambruna de 1730-1735 ya que en esta época los castaños sufrieron una epidemia y se redujo sustancialmente la producción de castañas que eran la base de la alimentación en Galicia. Los monasterios feudales de la Galicia central obligaron a sus colonos a plantar y consumir la patata. Eran años de hambre y peste y los labradores fueron muy reacios a usar la patata como alimento ya que se le atribuía como la causante de la peste y otros males y se las conocía como la raíz del diablo.

Los ilustrados eran propicios a adoptar innovaciones agrarias de cara a mejorar la productividad y paliar las cíclicas crisis de subsistencias. Con este fin se adoptaron nuevas técnicas de cultivo y nuevas especies para cultivar. Con este antecedente, el irlandés Enrique Doyle sembró patatas en 1780 procedentes de su país para convencer al rey y a su ministro Floridablanca de las bondades del tubérculo.

Cinco años después se publicó una Real Orden con instrucciones a cerca de la cría, cuidado y uso de esta planta “cuyas utilidades son dignas de consideración”. Eran nutritivas, sanas y baratas y las sociedades de amigos del país ayudaron a difundir su cultivo y en pocos años se convirtieron en el rancho común de buena parte de los españoles.

(Carlos III comiendo ante su corte)


En torno a 1790 su uso se había extendido, pero originalmente se destinó en buena medida a la industria panadera, pues cocidas y mezcladas con harina y levadura se elaboraba un pan de patata que se mantenía fresco muchos días y era muy apreciado por las clases más populares.


Pero fue durante la Guerra de Independencia cuando su uso se extendió de forma definitiva para paliar las crisis alimentarias que se dieron durante este conflicto.

Por si alguien se lo pregunta, la tortilla española o de patata no surge en estos momentos (aunque existen múltiples teorías) sino posteriormente durante las guerras carlistas, según algunos como rancho de circunstancias pata la tropa o como cena improvisada para el general Zumalacárregui.


jueves, 29 de junio de 2017

LA POLÍTICA EXTERIOR DE CARLOS III


LA POLÍTICA EXTERIOR DE CARLOS III



En cuanto a la política exterior, Carlos III abandonando cualquier pretensión de hegemonía acepta jugar un papel dentro del sistema europeo de equilibrios entre poderes continentales. intentó mantener el prestigio español y su presencia colonial, amenazada por el expansionismo de Gran Bretaña y Francia, principalmente. Para ello, reformó el ejército e incrementó el poder naval español, hasta el punto de que pudo ser considerada en su época como la más poderosa después de la británica. Además, las Ordenanzas Reales que se dictaron sobre el ejército demostraron su eficacia, hasta el punto de que en parte aun se mantienen en vigor.

En política exterior fueron fundamentales 3 puntos u objetivos: Paz en el Mediterráneo para garantizar el comercio español en estas aguas, neutralizar a Gran Bretaña en las colonias americanas y recuperar Menorca y Gibraltar de manos de los ingleses; conseguiría recuperar la primera plaza pero no así la segunda que sigue siendo colonia británica.

Carlos III rompió la neutralidad que costosamente había mantenido Fernando VI. Una de sus primeras decisiones fue la participación en la Guerra de los Siete Años. Firmó el pacto de familia con Francia con el objetivo de restituir el equilibrio de fuerzas frete a los británicos en el escenario colonial atlántico-americano. Se trataba de una posibilidad arriesgada para proteger y conservar la integridad territorial de la monarquía y de sus colonias, al tiempo que aseguraba sus vías de comunicación.



Previamente los británico habían rechazado con desdén todas la reclamaciones españolas (ataques corsarios al comercio español, apresamiento de pesqueros españoles y las infiltraciones inglesas en Honduras). Las relaciones estaban muy tensas, pero fue la sucesión de victorias inglesas en Canadá frente a los franceses (Fort Niagara, Quebec…) las que decantaban la contienda a su favor y amenazaban, aún más, las posesiones españolas en el continente. España se alió con Francia por motivos de estado con el objetivo común de frenar el expansionismo británico. Pero los resultados fueron mediocres, ni las operaciones militares, ni el bloqueo comercial pudieron llevarse a cabo con la eficacia planeada. Los ingleses tomaron La Habana y Manila. La Paz de París (1763) que ponía fin al conflicto resultó desastrosa para Francia y de poco provecho para España. Recuperaba La Habana y Manila, devolvía Sacramento  a Portugal y cedía Florida a Inglaterra. Para compensar, recibía de Francia la Luisiana, con lo que desaparecía su presencia en el continente.



Con la Independencia de las Trece Colonias de Norteamérica, España encontró una nueva ocasión de desquitarse frente al inglés. Proclamada la Independencia de Estados Unidos el 4 de julio de 1776. Los colonos sublevados solicitaron las ayuda francesa y española. Los primeros intervinieron rápidamente, pero España dudó debido a las implicaciones que el apoyo a esta sublevación podía tener sobre sus propias colonias. Inicialmente proporcionó dinero, suministros y armamento a los sublevados, a la vez que abrió sus puertos a sus fuerzas navales. En 1779 España intervino directamente obligando a los británicos a redoblar sus esfuerzos por hacer frente a la flota hispano-francesa, defender sus costas y las posesiones mediterráneas. En 1782, se reconoce la independencia norteamericana y en 1782 se firma la Paz de Versalles. España salía beneficiad territorialmente, pues aunque no recuperó Gibraltar, si lo hizo con Menorca y las dos Floridas. Pero a un elevado coste para las arcas del estado y por la constatación de no haber frenado como esperaba a la potencia británica.




El surgimiento de un poder en las Trece Colonias, si que representó una amenaza para España, por un lado para la integridad territorial del impero español y por otro representó un precedente en el que fijarse por los sectores independentistas dentro de sus propias colonias.

Floridablanca desplegó la diplomacia española de cara a conseguir tres objetivos:
-      Reafirmar el papel de España dentro el continente europeo
-      La Búsqueda del equilibrio continental y marítimo, especialmente en el Atlántico y Mediterráneo
-      La ampliación de los intercambios comerciales y búsqueda de nuevos mercados para la economía española

En esta línea se produjeron los anteriores conflictos y  a la vez tendió puentes hacia Portugal y hacia la cuenca mediterránea.

Con Portugal buscó la alianza de cara a solucionar disputas territoriales en América y fomentar los intercambios comerciales que se materializó en el Tratado de San Ildefonso de 1777.




En una línea distinta, España estableció relaciones diplomáticas con Rusia, no tanto para frenar su expansión por la costa Noroeste del continente americano como por alejarla de la intervención en el conflicto de independencia de las trece Colonias. Inglaterra propuso su intervención a cambio de Menorca, pero finalmente permanecieron neutrales. El aislamiento de Gran Bretaña se redondeó aún más al conseguir que Rusia se adhiriera a la Liga de los Neutrales junto a Dinamarca Holanda Y Prusia.


Catalina II, Emperatriz de Rusia

Pero la diplomacia española llegó aún más lejos, hasta Turquía. España y Prusia frenarían las ambiciones de Austria Y Rusia sobre territorio turco a cambio de su salvaguarda de las rutas comerciales en el mediterráneo y el establecimiento de relaciones comerciales. Finalmente se utilizaría su influencia sobre las monarquías norteafricanas para materializar una acercamiento a Marruecos. De esta forma se preservaba el equilibrio en la península italiana y los intereses comerciales españoles.

(El embajador turco en la corte de Nápoles)

Para finalizar y debido a los ataques piratas del puesto de Salé, ignorando el acercamiento con Marruecos (que era incumplido con ataques ocasionales a posesiones españolas) se decidió organizar una expedición de castigo hacia Argel que fracasó estrepitosamente. Floridablanca reanudó la negociaciones en 1780 llegó a un  nuevo acuerdo con Marruecos, con óptimos resultados que dio paso a los subsiguientes tratados con las repúblicas berberiscas de Trípoli, Túnez y Argel en 1786.

jueves, 22 de junio de 2017

IMPULSOR DEL DESARROLLO INDUSTRIAL


IMPULSOR DEL DESARROLLO INDUSTRIAL






Carlos III y sus colaboradores ilustrados  partían de la idea de que la decadencia española tenía una base económica. Sólo mediante una reforma de la economía se podía revitalizar el país. Como primer paso se lanzaron a un análisis crítico de la economía y la sociedad para buscar soluciones. El progreso del país necesitaba el fomento de la producción y la circulación de bienes. El monarca no contó con el apoyo de la nobleza, por lo que se apoyó fundamentalmente en las clases medias. Estas lograron alcanzar mayores cotas de poder político y el impulso del sistema manufacturero y el proteccionismo económico y comercial.


(Representación de oficios del siglo XVIII)


La industria manufacturera era, en general, muy escasa y orientaba su producción al ámbito local, tampoco existía un mercado interno relevante que pudiera absorber gran cantidad de mercancías industriales. A excepción de Cataluña, que exportaba tejidos de algodón a las Indias, ninguna región española contaba con una industria importante. A esta situación contribuía una deficiente infraestructura de transporte. 


Con el objetivo de potenciar el reformismo económico se crearon las sociedades económicas de amigos del país que eran instituciones privadas impulsadas desde el poder a través de Campomanes. Se  encargaron de fomentar las actividades económicas productivas. Organizaban actividades de todo tipo encaminadas a difundir las nuevas teorías económicas, las ideas ilustradas y fisiocráticas y a proporcionar la aplicación de nuevas técnicas. Impartían clases de agricultura, artes, industria… 





Otro de los problemas era la falta de valoración del esfuerzo y el trabajo. El modelo social al que se aspiraba era a vivir de las rentas como los señores y enriquecerse en la aventura americana. Por ello en 1783 Carlos III declaró honestas todas las profesiones mediante la Real Cédula de 1783 con el objeto de promover el cambio de mentalidad en este sentido.




Con el objetivo de desarrollarla producción industrial española. El estado impulsó la construcción de fábricas. Destacaron como punteras las industrias de bienes de lujo (manufacturas reales): Porcelana del Buen RetiroCristales de la Granja, Tapices, Armas y trasladó la Platería Martínez a un edificio en el paseo del Prado, pero no faltaron muchas otras para la producción de bienes de consumo, en toda la geografía española como la producción de paños de lana o de seda. Pero su producción tuvo poco alcance en el mercado ya que se destinaban principalmente a la corte y escasa rentabilidad.



La caza de la codorniz es uno de los cartones que Goya entregó a la Real Fábrica en 1775, como modelo para la producción de tapices.


El impulso de las manufacturas privadas se debió hacer cortando los privilegios de los gremios.  Los nuevos núcleos manufactureros: Valencia (seda) País Vasco  (metalurgia) y Cataluña con una nueva organización de la producción en la que distintas zonas se especializaron en el cultivo agrícola y otras a la actividad artesanal (hilaturas y textiles). Este desarrollo periférico explicado por la mejor comunicación comercial   van a confirmar su desarrollo  en detrimento del centro castellano. 


Principales centros de producción industrial en la España del siglo XVIII


Según el censo de 1787, el 14% de la población activa trabajaba en la industria. El sistema más común era el tradicional taller artesano, sometido a los gremios. La industria más extendida era la textil. En tiempos de Carlos III  se redujeron los privilegios de los gremios. A pesar de que este sistema era el dominante en el entorno artesanal, fueron surgiendo otros sistemas que escapaban al control de los gremios. Uno de estos sistemas era el trabajo a domicilio, que consistía en que un empresario-comerciante proporcionaba los medios de producción(herramientas y materias primas)a trabajadores rurales, fuera, por tanto del ámbito urbano controlado por los gremios. Quienes compaginaban su trabajo en el campo con estas actividades industriales en sus casas obtenían unos ingresos extras al entregar el producto al empresario-comerciante que se encargaba de su venta.


Entre los planteamientos teóricos para el desarrollo de la industria destacó el Discurso sobre el fomento de la industria popular de Campomanes, para mejorar con ella la economía de las zonas rurales y hacer posible su autoabastecimiento.

(Pedro Rodríguez de Campomanes)

Además, con el objetivo de proteger la economía de la competencia extranjera se establecieron unos aranceles a los artículos importados y fundó fábricas en las que contaba con especialistas extranjeros para que enseñaran nuevas técnicas de producción. De esa manera se dejarían de importar del extranjero y el dinero no saldría de España. En 1768 la gestión directa de las fábricas se liberaliza. El estado también fomentó la construcción naval de astilleros, para facilitar el comercio por mar y la flota de guerra. Esta actividad se vio coronada con éxito.


jueves, 15 de junio de 2017

CARLOS III Y LA REFORMA DE LA ARMADA


CARLOS III Y LA REFORMA DE LA ARMADA


(Navío Santísima Trinidad: el mayor buque de su época)


La armada española había venido perdiendo su hegemonía durante el siglo XVII y principios del XVIII, en favor de Inglaterra y Holanda. Pero la llegada de los borbones supuso el inicio de una serie de reformas que la situaron de nuevo entre las primeras potencias navales.

El iniciador de estas reformas fue Felipe V por medio de su ministro José Patiño (Intendente General de la Marina). Rápidamente emprendió la reconstrucción de la “marina de guerra” y en concreto de la “Flota de Indias”, que estaba directamente relacionada con la reactivación del comercio ultramarino, trasladó la “Casa de Contratación de Indias”, de Sevilla a Cádiz, publicó ordenanzas para la armada (1707) para agrupar y uniformizar todas la fuerzas existentes, creó el Arsenal de la Carraca (Cádiz) para la construcción y reparación de naves así como para el almacenamiento y suministro de materiales y munición, inauguró en Cádiz la primera Compañía de Guardias Marinas, para dar una formación mixta científico-práctica a los futuros oficiales de la Marina de Guerra y por último impulsó la construcción de buque de guerra.

La reforma de la Armada estará subordinada a un concepto estratégico vital y elemental a la par; la conexión de la metrópoli y sus colonias. El elemento perturbador de este proceso es sin duda la potencia naval de Inglaterra, que se enseñorea de los océanos. La economía inglesa buscaba la apertura del mercado americano o directamente su incorporación.

La participación de España en la Guerra de los Siete Años y la firma del Tercer Pacto de Familia, hizo patente la necesidad de reforma de las fuerzas armadas y en especial de la armada,  junto a un socio estratégico como era Francia frente a un enemigo común como era Gran Bretaña.

La armada que se encontró Carlos III llevaba algunos años intentando salir de la postración y el desánimo, pero como en otras ocasiones, se rodeó de valiosos colaboradores con los que profundizó con eficacia en las reformas iniciadas en el reinado anterior, de los que el Marqués de la Ensenada es un buen ejemplo, aunque no el único.



Fundó o reactivó arsenales o astilleros, con ese fin creó el Cuerpo de Ingenieros Navales (1770) que se pusieron al frente de estas dependencias. La deforestación sufrida por los bosques peninsulares propició la construcción del  astillero de la Habana del que salieron, entre 1724 y 1796, 114 buques.

(Astilleros)

Puso en marcha un ambicioso programa de diseño y construcción de nuevos navíos. Aunque comenzó adoptando la construcción de modelos franceses, pronto se desestimaron, y gracias a tareas de espionaje y a la contratación de especialistas en ingeniería y construcción naval, se copiaron muchos aspectos del modelo inglés y holandés. Como resultado se produjeron mochos y mejores modelos que los de sus competidores. Un ejemplo de la producción de estos momentos. El "Santísima Trinidad”, el mayor navío de su época, 4 puentes, 112 cañones.

Santísima Trinidad. Planos de perfil


Reformó la situación de los recursos humanos desde la oficialidad a la marinería haciendo hincapié en la formación. Se potenció la academia e Guardiamarinas de Cádiz. Con anterioridad la formación de la oficialidad era teórica y poco práctica a la par que primaba la procedencia a la hora de recibir nombramientos, por otro lado la armada y la marina mercante siempre estaban en competencia por enrolar a una base relativamente reducida de marineros.

(Cartel de la Exposición "Guardiamarinas, 300 años")

Se adoptó un nueva bandera para unificar las enseñas empleadas en la armada y con el tiempo se convirtió en la bandera nacional, como vimos en una publicación anterior de esta serie.

(Banderas de las marinas de guerra y mercante)

Reorganizó de la armada y de sus distritos marítimos. Dotándolos de varias ordenanzas.

(Ordenanzas Navales)

Apoyó la realización de expediciones “científicas” como vimos en otra publicación de esta serie muchas de ellas con finalidad científica, filantrópica o de control y vigilancia estratégica sobre posesiones de la corona.

(Expedición Malaespina)

Organizó y normalizó un servicio de intendencia, que siempre había sido el punto flaco de las fuerzas hispanas. Se crean talleres y fábricas para la elaboración y reparación de lonas, jarcias, uniformes, munición, etc. Especialmente la fábrica de la Cavada destinada a la producción artillera en la que se pondrá gran interés.

(Fabricación de jarcias)

Apoyó el desarrollo de la marina mercante, mediante ordenanzas,  creación de compañías comerciales o escuelas náuticas y potencia los servicios de correos marítimos.
(Bandera de la Marina Mercante)

Buscó pactos con aliados estratégicos frente a potenciales enemigos (Pactos de Familia con Francia frente a los constantes conflictos con Gran Bretaña).

(Pactos de Familia)

jueves, 8 de junio de 2017

PRECURSOR DE LOS SERVICIOS SOCIALES MODERNOS


PRECURSOR DE LOS SERVICIOS SOCIALES MODERNOS

(El pensamiento social ilustrado comienza a cambiar en su percepción de las personas pobres o necesitadas. Consideran que la pobreza es una situación que dificulta el desarrollo de las personas y, por lo tanto, de la sociedad)




Durante la edad media y en parte de los tiempos modernos, la pobreza ha sido considerada como un elemento intrínseco del “orden natural” como podían serlo las guerras o las epidemias.
Hasta ese momento, el estado no se consideraba en la obligación de paliar estas situaciones. La Iglesia tenía la función moral de atender las necesidades de las personas que no podían cubrir sus necesidades mínimas, ya fuera por falta de medios, por enfermedad o por circunstancias concretas (niños, ancianos, huérfanos, viudas, etc.) por medio de instituciones de caridad (obras pías, hospicios, hermandades…).
La iglesia rápidamente organizó esta asistencia. Se dotó por medio de la “limosna” y otras rentas y organizó un “catálogo de pobres” para diferenciar e identificar a los individuos con derecho a mendigar y recibir ayudas de las obras pías.
Pero en la España del siglo XVIII se produjeron una serie de cambios. Por un lado, se experimentó un aumento demográfico y el comienzo de una serie de reformas económicas y sociales. Estas fueron de poco calado y supusieron un éxodo rural en beneficio de las ciudades. Todo esto trajo consigo el aumento de pobres y vagabundos. Al concentrarse y competir con los tradicionales “pobres oficiales” estallaron fuertes tensiones sociales.
Ante esta situación, El pensamiento social ilustrado comienza a cambiar en su percepción de las personas pobres o necesitadas. Consideran que la pobreza es una situación que dificulta el desarrollo de las personas y, por lo tanto, de la sociedad. Pasa a ser considerado un problema social por lo que se convierte en una responsabilidad pública que debe ser abordada por los gobernantes. Rompen con la idea de solucionarlo mediante el “derecho a la limosna” y defienden el trabajo y la educación como forman de superar la pobreza.  El estado debe asumir y organizar los servicios asistenciales.

Con Carlos III, la lucha contra la pobreza y la vagancia alcanza un papel importante en el conjunto de la política del gobierno. Da lugar a un “sistema General de Beneficencia” sostenido y dirigido por los ayuntamientos. Se crea el Fondo Pío Beneficial; como instrumento de financiación. Combaten la mendicidad, Floridablanca la prohibirá en la Corte (Memorial a Carlos III). Paralelamente se crea una red de servicios asistenciales (Junta General de Caridad, Diputaciones de Barrio y el Fondo Pío Beneficial). Las dotaciones económicas provenían de diferentes fuentes: Libradas por la Junta General de Caridad, Dotaciones mensuales asignadas por el Rey y príncipes, Señores y demás Personas Reales, Diferentes Obras Pías, etc.
Bajo el lema de la Real Sociedad Socorrer Enseñando, la Sociedad Matritense en el último cuarto de siglo creó Escuelas dirigidas a la formación de oficios, conocidas con el nombre de Escuelas Patrióticas. siendo su objetivo el desarrollo de la “industria popular”. Ocupación lucrativa que no corresponde a la agricultura, ni a los oficios y termina en aquellas obras menores, fáciles, que la gente puede hacer, en temporadas, días y horas desocupadas, sin faltar a sus primeras ocupaciones, dirigidos prioritariamente a la mujer, comprenden principalmente: hilanzas, bordados, encajes y puntos y todo tipo de listones, cordones, etc.
Se crean una serie de “Escuelas artesanales”, destinadas principalmente a la industria del hilado. Las escuelas se subvencionaron por espacio de cuatro años con cargo a la lotería nacional. Las diputaciones de barrio eran las encargadas de promocionar las Escuelas entre los chicos y las chicas del barrio que no realizaban actividades. A las escuelas prioritariamente asistieron chicas.

Para terminar, se crearon toda una serie de centros asistenciales como:
Hospicios: Para niños y niñas que no podían vivir con las familias. Función: Asistencial y educativa. Características: Espacios amplios y ventilados
Casas de Misericordia: Para personas mayores y transeúntes sin vivienda. Función: Asistencial y preparación para el trabajo. Características: Los asistidos debían aportar parte de los gastos.
Albergues: Para transeúntes Funciones: Asistenciales Características: períodos asistenciales más o menos cortos
Hospitales: Dirigidos a enfermos Función: La atención sanitaria
Hospital siglo XVIII